chicos en el puerto de tangerEn el puerto de Tánger se libra una guerra sin cuartel cada día, no importa a que hora. Como esas bandadas de pájaros que buscan destino, decenas de menores tratan de colarse como sea entre los ejes de un trailer, en un contenedor, o en cualquier otro hueco que encuentren, con el único objetivo de llegar a Europa.

La policía los persiguen con saña y si les cogen les da una paliza. A veces, incluso los detiene; la verdad, no se sabe con que fin, porque a los pocos días vuelven a pulular por allí. Ellos persisten, constantes, una y otra vez. Algunos han hecho ya varias veces el viaje de ida y vuelta a Algeciras. Pero, a pesar de las torturas no les importa ir y volver; seguirán intentando encontrar un destino…. Ninguno tiene nada que perder.

Imagen de previsualización de YouTube Mofetas de Inés Enciso

Se alimentan de lo que encuentran en las basuras, de lo que sustraen en los zocos y las tiendas y del pegamento que esnifan. Duermen a la intemperie, sufren abusos sexuales por la noches y no pocos ejercen la prostitución.

Son seres tristes, con historias terribles, a pesar de su corta edad; muchos no sobrepasan los 10 años. Historias como la de los hermanos Abdul y Mohamed, de 6 y 8 años, que una mañana decidieron huir para siempre de la casa de su padre cuando descubrieron aterrados que éste les había matado los tres pájaros que tenían en una jaula. Su padre, un profesor de unos 40 años, casado en segundas nupcias con una mujer más joven, no les quería ya; les pegaba palizas. Y para librarse de ellos acabó con sus pájaros.

En cambio, de ellos, la vida se librará poco a poco: con el pegamento y el olvido de la sociedad.

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